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Uso de chupete y hábito disfuncional de succión de dedo

Es común ver a infantes y a niños pequeños usando chupete o con el hábito de succión de dedo. Los comportamientos de succión en bebes son un reflejo natural para satisfacer una necesidad tanto fisiológica como psicológica.

El reflejo de succión promueve sentimientos de seguridad en el niño y permite que los bebes se calmen e inicien el proceso de autorregulación. A medida que el niño crece, también es común que empiecen a dejar  de necesitar estos hábitos; ya sea por que pierden el interés por si solos, o porque los propios padres o las educadoras en los jardines infantiles, realizan la transición hacia dejar estos hábitos.

¿Qué pasa cuando el niño va creciendo y no deja por sí solo estos hábitos a la edad correcta?

En cuanto al tema odontológico se refiere, puede producir daños en los dientes temporales (de leche) e incluso en los dientes permanentes. Principalmente afecta el crecimiento del maxilar y la oclusión que el niño en crecimiento adquiere. Es común observar en estos casos, una mordida abierta anterior y/o falta de crecimiento transversal del hueso maxilar.

¿Qué se aconseja hacer?

Es recomendable que, aproximadamente a los 2 años y medio o 3 años de edad del niño, debe transitar hacia el abandono del chupete. La idea es ir disminuyendo la frecuencia, el tiempo y los lugares donde pueda usar el chupete. Por ejemplo, que solo lo pueda usar en casa, luego solo para dormir, y luego retirar definitivamente. De esta manera vamos limitando el daño y quitando el hábito.

Con respecto a la succión de dedo, el tema es más complejo, dado que siempre tienen disponible el recurso, lo que hace más difícil eliminar este hábito disfuncional. Lo importante acá es abordarlo positivamente, primero observar en que situaciones lo necesita y luego reforzar la conducta que queremos repetir. Por ejemplo, felicitarlo cuando no recurre a chuparse el dedo en situaciones difíciles. Incluso muchas veces es necesario apoyarnos con especialistas, como psicólogos para abordar de manera integral esta situación.

Lo más importante es que siempre es recomendable consultar con la odontopediatra, con controles cada 6 meses. De esta manera, nos aseguramos ir controlando el correcto crecimiento del maxilar de nuestros niños.

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